¿No te puedes concentrar?, ¿tienes dolor de cabeza y te sientes agotada?, ¿a punto de desmayar?, ¿estás ansiosa, irritada, nerviosa, confusa y sin ánimo? Si tu respuesta ha sido afirmativa a todas estas preguntas, lo más probable es que seas una  víctima más de uno de los males más comunes de esta época: el estrés.

Datos de la encuesta ‘El estrés en América’, de la Asociación Americana de Psicología (APA), muestran que la tercera parte de la población de Estados Unidos vive en “un estado de estrés extremo” por motivos que van desde el dinero y el empleo hasta la crisis de vivienda que hoy encara el país.

“El estrés es una respuesta física o mental que hace que la persona reaccione o se adapte a una situación”, explica el Dr. Luis Sandoval, especializado en psiquiatría y vinculado a Kaiser Permanente, Santa Ana. “Es la manera en que el cuerpo, la mente y las emociones responden a distintas condiciones, cambios y exigencias de la vida”.

En cantidades pequeñas, el estrés siempre conlleva a reacciones positivas —como por ejemplo, cuando acelera temporalmente la mente y el cuerpo para terminar un proyecto en la fecha prevista.  Pero cuando éste se convierte en algo crónico, puede dañar la salud, según resalta el experto.

Sus síntomas

Aunque sus síntomas son emocionales y físicos, el Dr. Sandoval señala que el problema para reconocerlo es que muchas veces no nos damos cuenta que algunos de los malestares que tenemos pueden ser ocasionados por el estrés.

Y para que la gente tome conciencia de sus señales, el especialista enumera algunos de sus síntomas más comunes:

Diarrea, estreñimiento u otros malestares estomacales

Problemas de la memoria o falta de concentración

Dolores musculares o dolores de cabeza de tensión

Falta de apetito sexual o problemas sexuales

 Mal humor, tensión o depresión

 Falta de energía, cansancio o fatiga

Problemas para dormir o el deseo de dormir demasiado

Pérdida o aumento de peso

Incidencia

El estrés afecta a todos, incluso hasta a los niños. Sin embargo, numerosas investigaciones han demostrado que éste impacta a las mujeres de manera distinta a los hombres, y las hormonas tienden a jugar un papel importante en ello.

La diferencia está en el hecho de que a pesar de que las féminas son más sensibles al estrés que los hombres, éstas lo afrontan de mejor manera y son más resistentes  gracias a sus hormonas femeninas de los estrógenos.

Esto quedó demostrado en el estudio “Biobehavioral Responses to Stress in Females: Tend-and-Befriend, Not Fight-or-Flight”, realizado por la Universidad de California Los Angeles (UCLA) a finales de los años 1990 e inicios del 2000, bajo el liderazgo de la Dra. Laura Cousino Klein —profesora auxiliar de Salud Bioconductual en la Universidad Estatal de Pennsylvania e investigadora de la UCLA en aquel entonces—, que reveló que las mujeres reaccionan al estrés con una mayor producción de oxitocina (la hormona de la felicidad que se genera en la glándula pituitaria), cuyos efectos son realzados por los estrógenos.

“Hasta que este estudio fue publicado [en el 2000], los científicos creían que cuando las personas experimentan estrés generan una cascada hormonal que las lleva ya sea ‘a pararse y pelear’, o ‘a escapar’ tan pronto como sea posible”, explica la Dra. Cousino Klein en un comunicado emitido en relación con los resultados investigativos. “Pero, parece ser que cuando la hormona oxitocina es liberada como parte de las respuestas al estrés en las mujeres, ésta amortigua la reacción de ‘pelear o escapar’ y las motiva, por el contrario, a cuidar de los menores, así como a reunirse con otras mujeres”.

Esta “reacción calmante” no ocurre en los hombres, afirmó Klein en el comunicado, “pues la testosterona que ellos producen en elevadas cantidades cuando se encuentran bajo tensión parece reducir el efecto de la oxitocina”.

Sus efectos peligrosos

El Dr. Sandoval dice que de no aprender cómo controlarlo, el estrés puede provocar diversas afecciones. Entre ellas se encuentran:

Debilitar el sistema inmunitario, algo que conlleva a ser más susceptible a enfermedades.

Empeorar los síntomas de alguna enfermedad que se padece, como podría ser la artritis reumatoide, el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

Dolor de cuello, cabeza, hombros y espalda.

Afectar la salud del corazón de varias maneras. “Para empezar, el estrés puede aumentar la presión arterial y el colesterol en la sangre.  En personas que ya padecen de estas enfermedades, puede complicar el control y manejo de ellas.  Además, el estrés extremo puede hacer que su corazón palpite fuera de ritmo”, detalla el experto.

Empeorar los problemas digestivos. “Sabemos que el estrés puede provocar acidez estomacal o indigestión.  Además, la tensión ocasionada por el estrés tiende a causar dolor abdominal, lo que puede provocar vómitos, gases, ardores y náuseas. Esto puede causar que la actividad del colon se acelere, resultando ya sea en estreñimiento o en diarrea”.

Problemas de infertilidad, erección, períodos menstruales dolorosos y afecciones durante el embarazo.

Fuera de los anteriores problemas físicos, el estrés puede tener consecuencias graves en la salud emocional.

“Cuando el estrés es prolongado, es muy probable que interfiera con nuestra habilidad de llevar una vida normal”, resalta el Dr. Sandoval.

“Una persona estresada tiende a sentirse fuera de control o desesperada. Esto a su vez puede causar que se sienta continuamente fatigada, tenga problemas de concentración, ansiedad o irritabilidad.  Y si la persona ya tiene un problema emocional, el estrés puede empeorarlo.  Además, los sentimientos de desesperación que acompañan al estrés pueden aumentar el riesgo de que caiga en depresión crónica”, concluye el experto.

Qué provoca el estrés en las mujeres

Según los estudios, estas situaciones son las que con mayor frecuencia provocan el estrés en las féminas:

La presión laboral combinada con las obligaciones familiares.

La menopausia.

La tarea de cuidar a algún familiar  enfermo.

Problemas en el matrimonio, separaciones, divorcios.

Cómo controlarlo

Para controlar el estrés se recomienda:

Practicar la técnica de la respiración profunda.

Meditar y hacer yoga.

Practicar el Mindfulness.

Buscar actividades y hobbies que ayuden en el proceso de lograr la relajación.

Buscar ayuda profesional cuando el manejo del estrés se sale de control.

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